Una de las causas (muy secundaria, por demás) por las que no había vuelto a escribir es que mi siempre bienamado firefox se me bloquea cada vez que entro al administrador de wordpress, y bloqueado es bloqueado (como se podrán imaginar ando de buenamigo de don IE, 7 por supuesto). Lo he probado en los 4 computadores a los que tengo acceso y nada, al parecer si está poniéndose brioso conmigo ese jijuemama.
Si los posts no quedan bonitos, no es mi culpa, ok?
Saludos a mis nuevos visitantes!

Creo que hablo por todos cuando digo que no hay nada peor que hacer filas. Bueno, de pronto hacer fila a la intemperie, pero hacer fila es una de las actividades más poco productivas y aburridoras que los adultos hacemos.
Pero no vengo a quejarme de las filas, au contraire, vengo a tratar de dilapidar mi tiempo en un post en pro de las filas, pero de las filas efectivas. He dicho.
Hacemos fila para todo, para pagar, para cobrar, para reclamar y hasta para poder obtener el derecho a participar en una rifa. Filas para todo.
Pero más interesante que las filas en si son los personajes (muy variopintos por demás) que uno se encuentra en ellas. Paso a enumerar algunos:
La señora que quiere conversar: Se puede identificar porque empieza con frases como “esta fila nada que avanza y uno con afán, cierto?”, “no, no, no, no, con estos climas y uno aquí”, “que falta de respeto para con una”, entre otras. Es del tipo de personas que creen que uno desea oir (además del bullicio de la ciudad) problemas con el seguro, el alza en los servicios públicos, el descaro de las empresas o la noticia del momento en el televisor del banco. No tengo nada en contra de ellas, pero a veces, conversación es lo que uno menos necesita para esperar su turno de atención.
El despistado: Es una especie bien peculiar, es la única que es capaz de aguantarse 2 horas y media al “rayo de sol”, en un “lapo de agua” o dentro de una oficina para que al llegar su turno, se de cuenta que no era la fila que debía hacer, que era en la taquilla de al lado. Acojonante.
El desafortunado: Se presenta principalmente en las filas de los cajeros electrónicos (y me pasó algo hoy con uno, por eso el post) y su modus operandi es el siguiente:
Se han perdido unos 8,5 minutos aproximadamente desde que el fulano o la fulana entraron al habitáculo del cajero, minutos que ni Dios los recupera, minutos que pudimos utilizar en, porque no, otra fila, ésta vez la de consignación, porque, seamos sinceros, sacamos plata pa consignarla a nuestros acreedores, o por lo menos, eso me pasa a mi.
Y una de las que más es que se me paren detrás a mirar cuando estoy trabajando.
Pero qué carajos pasa? no puedo tener un espacio mínimo para poder dejar fluir mi creatividad?
Hoy me siento enojado muy.
Grrr!
Me lo temía, después de que no hubiera sido traumática la experiencia de actualizar el blog a la novísima versión 2.5 de wordpress, que la bd hubiese quedado intacta, que los plugins (casi todos) fuesen compatibles con esta versión, que ya funcionasen los comments, etc, etc, etc, me encuentro con que el editor wysiwyg (tinyMCE) no se ve bien en Firefox (WTF????) ya que ocupa un poco más del ancho de la pantalla (yo trabajo a 1280×1024) y se monta sobre los botones de publicación.
Y eso no es lo peor, lo peor es que estoy escribiendo éste post desde INTERNET EXPLORER!!!!!!
San Firefox, espero que me perdones.
http://www.savethedevelopers.org/ porque cada vez que alguien usa IE6 muere un desarrollador!
Esto ya parece twitter… pero toca, porque si no le meto mano ya, no se la meto en un mes!
:S
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Damas y caballeros, salió la versión 2.5 de wodpress luego de 6 meses de desarrollo… vamos a probrarla!!!
Arrumacos.
Voy viajando en un tren a través de la sabana de algún lugar, de un país que no creo reconocer o que por lo menos no asocio con nada que haya visto antes.
De pronto, se escucha en un vagón del tren una algarabía, un chillido a lo lejos y una desaceleración abrupta me sacan de ese bello trance contemplativo y me ponen en guardia. Ya han llegado hasta nosotros.
Rápidamente tomo mis implementos de campaña y me dirijo en dirección al próximo vagón del tren, hacia el laboratorio improvisado que construímos en la última parada y que nos serviría para desarrollar el suero que necesitábamos llevar hasta la principal ciudad de país, el centro administrativo de todo lo que el ojo alcanzaba a ver.
Trato de hacerme camino apresuradamente para alcanzar a salvar los restos de nuestra investigación y poder ayudar a esta chica (de la cual no sé su nombre), aquella mujer que nos alertó del peligro de continuar a través de ésta ruta y que tiene, al igual que nosotros, un objetivo altruista, heróico y desinteresado: salvar a sus familiares.
Al llegar al camarote sólo encuentro un cadáver ensangrentado y desfigurado, con las ropas destrozadas y un leve olor a descomposición en el aire. Temo lo peor.
Estoy tratando de recobrar fuerzas para poder buscar en sus cosas personales y sus bolsillos, la prueba de supervivencia del poblado al que nos dirijimos y los últimos apuntes sobre la investigación. Tengo éxito.
Salgo como alma que lleva el diablo por la puerta del final del pasillo y me encuentro cara a cara con un compañero de aventura.
- ¡Menos mal te encuentro maric*n, estamos llevados del p*tas!
- ¡Parce, no nos podemos devolver, eso está vuelto mierd* allá adentro!
Salimos despavoridos en dirección opuesta al tren hacia una torre de agua con un tanque en su parte superior, la cual rodeamos con precaución para no levantar sospechas y evitar nuestro encuentro con esas bestias.
A lo lejos podemos ver un pueblo al parecer fantasma, pero en el que se alcanzaban a divisar algunos autos en movimiento y una estación de gasolina junto a lo que parecía un restaurante del camino.
Sin esperar demasiado nos dirijimos a ese lugar para encontrarnos (con demasiada sorpresa) que ninguno de los habitantes parecía darse por enterado de lo que pasaba y tampoco vimos signos de la enfermedad, o por lo menos, no habían sido infectados masivamente.
Intentamos advertirles lo que sucedía, la amenaza que se cernía sobre ellos, pero no escuchaban, nos miraban con desprecio e indiferencia. No había nada que pudiésemos hacer si no se querían dejar ayudar.
Corrimos hacia la casa más apartada de la calle principal (y única calle) para refugiarnos y poder reabastecernos y recargar las armas que llevábamos consigo. Era una casa abandonada, sólo los murmullos de vieja pintura oxidada habitaban el lugar, parecíamos predestinados a protagonizar una película de terror al mejor estilo hollywoodense. No había tiempo para criticar la decoración del lugar, o en éste caso, la falta de ella.
Pasaron aproximadamente unos 3 minutos cuando todo quedó en silencio, ni el viento se oía pasar a través de las ventanas rotas del improvisado cuartel en el que estábamos cuando de pronto escuché un ruido de pisadas en una habitación de la segunda planta, al cual reaccioné (tal vez instintivamente) de la manera más mecánica posible. Me dirigí hacia él con Gallego cubriéndome la espalda, siempre muy de cerca.
Vimos una figura humana pasar por un corredor semi iluminado, con alguna especie de camisa de algún color amarilloso, tal vez un naranja muy ligero, pero corriendo con prisa de no ser descubierta.
- ¡Alto ahí! - grité fuertemente.
- ¡Alto ahí, he dicho! ¡identifíquese!
Nos rodeó en un par de segundos y nos apuntaba con un revólver calibre 38.
- ¿Quiénes son ustedes?
- ¡¿Lady? ! - pregunté asustado.
- ¡Pensé que no iban a llegar! - dijo con voz agitada la figura femenina que nos miraba inquisidoramente, y que por fortuna reconocí entre penumbras y sudor.
Era nuestro contacto en el punto medio de nuestro recorrido, un aliado en esta cacería despiadada y sin final aparente, una fuerza extra en nuestro equipo.
En el frenesí del encuentro no nos percatamos que los animales (o eso queremos pensar que son) ya habían dado con nuestro paradero y habían subido por las escaleras internas hasta el segundo piso y se encontraban detrás de Lady. En unos segundos todo fue confuso y sólo recuerdo disparos, sangre y gemidos, gritos de desesperación y terror y un golpe tan fuerte que me tumbó al piso hasta una esquina de la habitación. Sólo recuerdo verme a mi mismo disparando mi ametralladora contra esas criaturas (seres humanos alguna vez) y tratando de arreglar la mira de arma porque estaba muy desviada y no podía apuntar bien a la cabeza de estos monstruos.
Estoy tratando de disparar los últimos cartuchos que me quedan cuando de repente empiezo a oir una música en el fondo, una especie de banda sonora que acompaña tan feroz escena, una melodía que no reconozco al principio, pero que lentamente se acerca y se hace más clara, más vívida.
“Tengo el presentimiento de que empieza la acción (adentro, adentro) y las mujeres somos las de la intuición”.
Y es ahí cuando me despierta el televisor que tenía sintonizado en VH1, presentando el video de Shakira para avisarme que ya son las 7:00 a.m y es hora de levantarme.
Maldita sea, odio cuando eso pasa. Hubiera sido una buena historia para escribir.