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Tuesday
May 20,2008

Just watch the video below… simply hilarious!


Historic ‘Blockbuster’ Store Offers Glimpse Of How Movies Were Rented In The Past

Via: macenstein

Hacer fila en un cajero electrónico

Friday
Apr 25,2008

ATM MACHINE

Creo que hablo por todos cuando digo que no hay nada peor que hacer filas. Bueno, de pronto hacer fila a la intemperie, pero hacer fila es una de las actividades más poco productivas y aburridoras que los adultos hacemos.
Pero no vengo a quejarme de las filas, au contraire, vengo a tratar de dilapidar mi tiempo en un post en pro de las filas, pero de las filas efectivas. He dicho.

Hacemos fila para todo, para pagar, para cobrar, para reclamar y hasta para poder obtener el derecho a participar en una rifa. Filas para todo.
Pero más interesante que las filas en si son los personajes (muy variopintos por demás) que uno se encuentra en ellas. Paso a enumerar algunos:

La señora que quiere conversar: Se puede identificar porque empieza con frases como “esta fila nada que avanza y uno con afán, cierto?”, “no, no, no, no, con estos climas y uno aquí”, “que falta de respeto para con una”, entre otras. Es del tipo de personas que creen que uno desea oir (además del bullicio de la ciudad) problemas con el seguro, el alza en los servicios públicos, el descaro de las empresas o la noticia del momento en el televisor del banco. No tengo nada en contra de ellas, pero a veces, conversación es lo que uno menos necesita para esperar su turno de atención.

El despistado: Es una especie bien peculiar, es la única que es capaz de aguantarse 2 horas y media al “rayo de sol”, en un “lapo de agua” o dentro de una oficina para que al llegar su turno, se de cuenta que no era la fila que debía hacer, que era en la taquilla de al lado. Acojonante.

El desafortunado: Se presenta principalmente en las filas de los cajeros electrónicos (y me pasó algo hoy con uno, por eso el post) y su modus operandi es el siguiente:

  1. Busca desesperadamente su tarjeta débito o crédito estando al frente del cajero, con tan mala suerte que no sabe en donde la metió porque tiene tantos bolsillitos su billetera (o su bolso, en el caso de las mujeres), que es tarea titánica poder hallarla.
  2. Después de 1 minuto de buscar, la encuentra, para darse cuenta que el cajero tiene touch screen y que es primera vez que ve uno. Se le sale una pregunta pseudoretórica en voz alta, como para que el siguiente en la línea le ayude con su dilema: “es que cambiaron estos cajeros?”. Pobre de la víctima que socorra a la infeliz alma en su predicamento, porque por lo general son personas con déficit de atención, quienes además no tienen paciencia para aprender.
  3. Luego de insertar infructuosamente la tarjeta para que la máquina la lea (aproximadamente unos 4 intentos), se le olvida la contraseña. Mala suerte para él y los demás en la fila. Busca inspiración divina para acordarse.
  4. Se le ocurre revisar primero el saldo. O peor, no lo hace. Si lo revisa, se da cuenta con estupor que no tiene todo el dinero que creía tener y se le escuchan frases como: “es que este -inserte el nombre del banco aquí- ya le saca a uno hasta los últimos centavitos”, “que robo el de este -inserte nombre de la entidad-” y empieza a quejarse del sistema capitalista y de la política. Revisa de nuevo el saldo (creyendo que si lo revisa después de haberse quejado, el balance de la cuenta va a cambiar porque TODOS los cajeros tiene un micrófono para que en el banco se den cuenta de la injusticia y la corrijan) y empieza de nuevo. Esto lo repite un par de veces más y se va odiando al mundo. Si no revisa el saldo, intenta sacar lo que no tiene, pero el cajero sólo le dice “saldo insuficiente”, y ocurre lo mismo que con el que revisa el saldo, cree que si revisa de nuevo van a aparecer mágicamente los billetes que le hacen falta. Por fin decide revisar el saldo y se da cuenta que no le han consignado la “platica esa” que esperaba tener.

Se han perdido unos 8,5 minutos aproximadamente desde que el fulano o la fulana entraron al habitáculo del cajero, minutos que ni Dios los recupera, minutos que pudimos utilizar en, porque no, otra fila, ésta vez la de consignación, porque, seamos sinceros, sacamos plata pa consignarla a nuestros acreedores, o por lo menos, eso me pasa a mi.

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